LA REGLA DE LOS 3 ELEMENTOS

Espectadores en una sala de 3D.

Cada hijo de vecino teoriza sobre el cine del modo en que sus conocimientos se lo permiten y, principalmente, del modo en que gusta hacerlo. Siendo parte de la comunidad cinéfila también yo he desarrollado mis propias teorías sobre el séptimo arte, aunque he de reconocer que mi método de aprendizaje no ha sido ortodoxo ni se ha ajustado a ningún programa académico. Lo mío ha sido ver películas y leer sobre ellas. A los puristas que aceptan como única maestra a la pantalla les diría que ponerse ante un libro de teoría fílmica aporta una visión nueva y mucho más rica en la apreciación de los matices y el disfrute en general como espectador. Se comprende con mayor profundidad el mecanismo que hace funcionar una historia -que es el axis que sostiene cualquier película- leyendo a guionistas, directores y estudiosos. Si debo citar a algún autor, no me avergüenza reconocer que el férreo posicionamiento de Robert McKee en su obra El guión es el que más me ha ayudado a penetrar en los secretos del cine a pesar de que a día de hoy sus teorías estén un tanto denostadas. No es que me tome a McKee como un oráculo infalible pero mentiría si obvio que considero El guión el texto de teoría fílmica más acertado que ha caído en mis manos. Además, también es provechoso interesarse por lo que escriben los críticos (los no cerriles y los que lo son).

Aunque sería interesante navegar por las distintas corrientes teórico-fílmicas no quiero aburrir al personal. Además, tampoco es el objetivo de este texto. Lo que realmente me interesa hoy es exponer mi ‘modus operandi’ a la hora de calificar un film. Después de muchos años de ‘freak’ cinéfilo he llegado a la conclusión (que es sólo mía) de que existen tres aspectos a analizar cuando debe valorarse una película: Técnica, Entretenimiento y Profundidad. Vamos allá, pues.

Técnica

¿La fotografía es la adecuada para el relato que se nos presenta? ¿Qué tonalidad cromática se ha escogido y con qué luz se nos muestra? ¿Qué sensaciones provocan ambas? ¿Qué planos predominan? Éstos son sólo algunos de los interrogantes tecnicos que debemos plantearnos cuando vemos una película. ¿Por qué razón? Porque dichos elementos ayudan a hacer que la historia sea mejor y, por tanto, a que lo que vemos en la pantalla nos guste más o menos. El aspecto más importante de la técnica es, junto a la música,  la fotografía. Pero no nos quedemos ahí. Deben surgir en nuestro interior preguntas similares al volver nuestra vista, por ejemplo, a la dirección artística o al vestuario. ¿Funcionan dentro del conjunto? Es decir, ¿comulgan con la esencia del film? Hay muchas más cuestiones sobre las que pensar y no es baladí reflexionar acerca de ellas: la técnica posee la capacidad de crear la atmósfera adecuada para elevar un buen film al ámbito de lo inolvidable.

Si hago referencia a pelis concretas creo que se entenderá mejor lo que trato de plantear. Pensemos, por ejemplo, en El Padrino  o en La lista de Schindler. ¿Sería lo mismo la escena final del film de Coppola sin la banda sonora de Ennio Morricone? ¿Era intrascendente rodar en color o en blanco y negro la obra cumbre de Spielberg? Ó en Matrix ¿La peli de los Wachowski es tan buena sólo por lo bien que está montada la historia y la reflexión existencial que hay implícita? La respuesta es, obviamente, no. Matrix no sería excelente sin la comiquera fotografía que le sirve de envoltorio. Sería peor sin el disparo frenético de planos y giros de cámara que posee. Esa decisión técnica potencia lo que estamos viendo en cada instante en la pantalla, lo que hay escrito en el guión. Sin la tonalidad de negros, grises, azules y verdes que colorean todo el film, el ambiente hubiese sido otro. Sin el estilo barroco, metálico y apocalíptico de su dirección artística Matrix sería, sin duda, un film menor. ¿Quién puede olvidar las gafas negras y los hábitos de monjes guerreros que visten a Neo, Trinity y Morfeo? Si uno se para a reflexionar descubre con asombro que todos los elementos técnicos de la obra están en comunión entre sí porque comprenden el espíritu de la historia que se cuenta. Crean el ambiente idóneo para que Matrix sea más que grande, una obra maestra.

Entretenimiento

Huelga la explicación del término entretenimiento. Más aún si no existe una fórmula universal que permita producir en serie películas que cumplan indefectiblemente con dicha premisa. Hay gente, por ejemplo, que se aburre con la trilogía de El Señor de los anillos mientras que otros harían más extensa la versión extendida. En mi opinión hay dos factores decisivos a la hora de calificar de entretenido un film: un guionista que cuente bien una buena historia y un director que decida con acierto qué se cuenta de todo eso con la ayuda del montador. Por tanto, en lo que llamaremos ‘elemento entretenimiento’ juegan sus bazas el guión, la dirección y el montaje.

Un análisis profundo de este elemento llevaría tomos enteros de libros tamaño folio con cientos de teorías. Sin embargo, en lo que podemos convenir todos sin ulteriores divagaciones es en que un film que aburre al espectador ha fracasado. Sin paños calientes. Ya hemos dicho que, por ejemplo, si bien a una amplia mayoría puede chiflarle Jurassic Park hay cinéfilos que cumplen con la cuota de excepciones al dormirse en la misma sala que otros disfrutan más que Falete en un buffet libre. No existen ni trucos infalibles ni 100 % de efectividad a la hora de escribir, dirigir o montar algo entretenido. Pero las excepciones son eso, excepciones. Todos (ó casi) hemos gozado cual gorrinotes en un lodazal con El sexto sentido, del mismo modo que todos (ó casi) los españoles de bien han sopesado la renuncia a su nacionalidad tras comprobar que su ministra de Cultura era la guionista de Mentiras y gordas, una defecación diarreica sacada del water del tugurio más guarro que uno pueda imaginar.

Profundidad

Por profundidad entiendo la capacidad del relato fílmico de provocar alteraciones en la razón y en las emociones del ser humano a lo largo de su visionado. Cuando las vivencias y decisiones de los personajes que aparecen en la pantalla nos hablan de nuestras propias dificultades existenciales nos hacemos uno durante un par de horas con sus sufrimientos y alegrías. Si tiene auténtico significado para el espectador el proceso por el que pasa el protagonista es porque le habla, de algún modo, de sí mismo. Es entonces cuando una historia deja tocado al cinéfilo y no la olvida ya nunca. Existen relatos que alcanzan esa meta y otros que no (a lo mejor porque no es su objetivo). Me hago entender: las pelis de acción protagonizadas por Steven Seagal o Jason Statham suelen quedarse en puro entretenimiento pues su nivel de profundidad es prácticamente nulo. Por contra, ¿cuál es la razón de que La vida es bella, Cadena perpetua o Tiempos modernos estén en los corazones de la mayoría de espectadores? Porque llegan a ese lugar que muchos dudan que exista pero cuya presencia real nos muestra el arte con inequívoca belleza: el alma.

La suma parcial o completa de los tres ingredientes

La inclusión o no de los tres ingredientes mencionados determinará la calidad de una película. Como siempre, creo que con ejemplos se comprenderá mejor el modelo que pretendo explicar.

Técnica y entretenimiento

Por ejemplo, 300, de Zach Snyder -con la que me lo pasé pipa- cumple con ambos requisitos. Visualmente es una obra maestra y es innegable que te dan ganas de conquistar todo el Peloponeso tras verla. Sin embargo su profundidad no es más que la del mamporro. Y no pasa nada. Es una estupenda peli simple. La guerra de las galaxias , Misión Imposible o Snatch. Cerdos y diamantes formarían parte también de este segmento cinematográfico. Repito (con otro ejemplo): no tiene nada que ver el aprecio que uno tenga por Titanic -a mí me encanta, de hecho- para comprender que su profundidad es prácticamente nula.

Entretenimiento y profundidad

Ese algo que le falta a ciertas películas y que muchas veces no sabemos identificar suele ser la técnica. Existen grandes films que adolecen de ella. La mayoría de Woody Allen sin ir más lejos. Otros casos de fantásticas pelis que no le han dado la suficiente cancha a la técnica: Mejor…Imposible, Gran Torino o Secretos y mentiras.

Técnica y profundidad

Aquí nos encontramos con lo que yo llamo el cine de los gafapastas. Se trata de films que usan un lenguaje audiovisual revolucionario y que exploran la psique humana de un modo que creen interesante pero que acaban resultando un infumable peñazo. Si uno mira el reloj para ver cuánto queda es que se está burriendo. Ese gesto tiene un significado concreto: la peli es un fracaso como un piano por mucho nombre que tenga el director. Sin entretenimiento no hay técnica o profundidad que valgan. De hecho, la profundidad del film está muy condicionada por el nivel de atención del espectador. Uno que se duerme en la sala de cine no sacará nada en claro yasí  la profundidad buscada por guionista y director se quedará en triste pretensión. En esta categoría incluiría pelis como Jules y Jim, Kundun o Habitación en Roma.

Técnica, entretenimiento y profundidad

La triple combinación es el objeto del deseo de todo cineasta y la esperanza más auténtica del espectador que acude al cine. Sólo la tienen las obras maestras. No hay mucho que explicar aquí porque cada uno tendrá su listado. Si debo nombrar unas cuántas que creo nos harán coincidir a la mayoría me vienen ahora a la cabeza, por ejemplo, Cadena Perpetua, Al este del Edén, El Padrino, Tiempos modernos, La vida es bella, Testigo de cargo o Matrix.

  1. Yo soy más de Laurent Jullier y sus 6 criterios para concluír is una peli es buena o no (de su libro “Qué es una buena película?”). A saber: Éxito de taquilla, calidad técnica, que sea edificante, que emocione, que sea original y que tenga coherencia.
    Pero vaya, que me ha gustado mucho tu personal regla de los 3 elementos que, a rasgos generales, comparto.
    Buen texto.

  2. La banda sonora del Padrino no es de Moricone sino de Nino Rota 🙂 Me han gustado tus reglas, de hecho aunque no hayas estudiado cine, tienes más por crearte un criterio propio tan elaborado que por que te inculquen uno prefabricado. Coincido contigo en que “El Guión” de McKee es la leche. ¡Mola tu blog!

  1. Pingback: Crítica // SOLO DIOS PERDONA (o la excelencia de la técnica como destino y punto de partida) | cineparasimples

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