Crítica // SOLO DIOS PERDONA (o la excelencia de la técnica como destino y punto de partida)

2¿Qué crítica realizar al Nicolas Winding Refn de Sólo Dios perdona, entregado a una narrativa de miradas, gestos e intrincados -cuando no indescifrables- subtextos? ¿Qué decir sobre una película que confía totalmente su capacidad de entretenimiento al placer sensorial de la técnica? ¿Cómo valorar la profundidad de una historia que describe a sus personajes mediante la iluminación de su puesta en escena y los silencios de sus diálogos? La única posibilidad de éxito que tiene Sólo Dios perdona es encontrarse con un espectador que comprenda el lenguaje empleado por Winding Refn…y puede que el único que exista sea el mismo Winding Refn. Otros creeremos atisbar algo que nos impedirá pensar lo que la mayoría: que la peli es una puta mierda envuelta en virtuosismo estético.

3Como ya me he situado en la cuestión, defenderé la trinchera empezando por el elemento definitorio de mi bando: la técnica (ver regla de los tres elementos). La nueva peli del cineasta que firmó esa obra maestra llamada Drive alcanza -y esto es innegociable- lo sublime en su fotografía, el aspecto técnico que determina el nivel de lo artístico en cualquier filme. Aunque en los créditos aparezca el seminovel director Larry Smith -con el que Winding Refn colaboró en la experimental Bronson– como hombre tras la cámara, el genio tras la elección de la lente, encuadre e iluminación de cada plano es el autor danés.

La perfección formal de Hitchcock y la plasticidad de Tarantino se dibujan en la fotografía de Sólo Dios perdona, que basta como placer sensorial para que la hora y media de su espeso metraje no se me atragante. Todos sus planos son un puro disfrute visual, un despliegue de derroche artístico que me deja las manos rojas de aplaudir. No aspiro a ser comprendido; es más, entiendo que no sea así pues, si bien el elemento técnica -aquí incluyo su brillante banda sonora- supera el diez, cuando hablamos de los otros dos la cosa cambia.

4El montaje, el guión y la dirección se juegan las habas en los elementos ‘entretenimiento’ y ‘profundidad’. En primer lugar, debe afirmarse sin fisuras que si no se goza con la esencia pictórica de la peli, el primero de los elementos mencionados resulta un fracaso. Sin el gustazo del hallazgo de belleza en la contemplación, por sí misma y por lo que sugiere, lo que ha manufacturado Winding Refn es un soberano coñazo de padre y muy señor mío, una defecación infecta, totalmente infumable.

1La dirección da el mando absoluto al montaje y a la fotografía frente a un guión de tarjetas indicativas que es casi todo (presunto) subtexto. Aquí volvemos a lo que indicábamos al principio del artículo: ¿hay profundidad en Sólo Dios perdona? Si el subtexto no emerge en la mente del espectador a partir del trípode apuntado en el párrafo anterior, el iceberg que hay debajo de la superficie o no existe o han fallado el director, el guionista y el montador al velarlo, dejándolo inservible. La clave de este elemento la encontramos en Julian, el personaje principal, en su modo de actuar y en lo que su madre dice de él; desde esa perspectiva, yo sí he descubierto cosas interesantísimas (en este sentido, la última escena del filme es tremendamente significativa) sobre un personaje llagado internamente, con el infierno habitando en su corazón. Pero aún estando presente -si es que tengo razón- esa revelación llega tarde, amigo Nicolas, incluso para un palomitero benévolo como el que aquí escribe.

5La sensación que a uno le queda tras ver pelis como Bronson o la que hoy nos ocupa es que Winding Refn posee un don incontestable para lo artístico y una gran sensibilidad para la creación de personajes; pero su ansia por poner patas arriba las estructuras narrativas convencionales -y las que no lo son tanto- le traiciona hasta hacer incomprensible el significado de su intrincado significante. Otros dirán que su lirismo flipado no nubla ningún rico subtexto porque este no es más que el traje del emperador y puede que estén en lo cierto. Quizás el excéntrico Nicolas deba dejar a un lado el bolígrafo y dedicarse, más bien, a dirigir guiones de otros, como en Drive, que es cuando mejor le ha ido.

PD: Sinceramente, no sé si recomendaros la película o no. Haced lo que os salga de las narices, como Winding Refn. Por cierto, Kristin Scott Thomas está absolutamente espectacular en su asqueroso papel.

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Acerca de davidsimple

Soy un joven valenciano licenciado en Periodismo. Mi pasión por el séptimo arte me ha llevado a comenzar esta aventura en el mundo blog.

Publicado el 19 noviembre, 2013 en EN CARTELERA: CRÍTICAS SIMPLES y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. La peli es un desastre
    La vi después de ver Drive, la trilogía y también Bronson. Todas me parecieron geniales. ¨
    Pero esta… un desastre.

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