Crítica // RUSH (o la técnica al servicio de la historia)

RUSHSiempre hay que confiar en un director con talento; incluso si sus ultimas pelis han sido Ángeles y demonios y ¡Qué dilema!. Con la contundente RUSH, Ron Howard ha vuelto a dar en el clavo de la simpleza, construyendo una historia sin efectismos ni chapados de emoción barata. El film del cineasta norteamericano se halla en todo instante sujeto a una narración desnuda de amaneramientos y tics propios de productos manufacturados por los grandes estudios hollywoodienses. Howard nos obsequia con otra pieza bien engranada que debemos sumar a la lista de sus títulos imprescindibles: Willow, Apolo XIII, Una mente maravillosa, Cinderella Man y El desafío: Frost contra Nixon (no se me ha olvidado Cocoon, la obvio intencionadamente).

3El director de Oklahoma ha conseguido que nos interesemos más por los personajes que por los coches de su película, prolongando así el ya exquisito guión de Peter Morgan, autor de los notabilísimos libretos de El desafío: Frost contra Nixon, Más allá de la vida, The Damned United, The queen y El último rey de Escocia. Muy bien perfilados, los Nikki Lauda y James Hunt de Rush consiguen inspirar en el espectador una empatía similar, a pesar de sus diametralmente opuestas personalidades. A su vez, en ningún momento parecen forzados sus enfrentamientos ni tampoco la complicidad -siempre competitiva- que se establece entre ambos con el paso de los años. Howard y Morgan huyen del precipicio narrativo (fácil) que hubiera supuesto conducir su relación hasta la amistad; Rush habla de respeto, y de vivir con la ilusión del control o con la triste arbitrariedad que esconde el complejo de peterpan.

4Otro regalo que maravilla de Rush es su poderoso y valiente uso de la técnica: no tengo ninguna duda, de hecho, de que estará nominada en las dos categorías de Mejor Sonido de los Oscar. Sin embargo, lo que más me ha entusiasmado ha sido la combinación de fotografía y montaje en las escenas de carreras. Como siempre que la técnica merece la pena, además de ser espectacular en sí misma, esta contribuye al progreso dramático de la historia. Gracias a su virtuosismo con el rec y las tijeras, Howard y sus mecánicos nos sientan en los bólidos del Gran Premio hasta acelerarnos el pulso, testigos del riesgo mortal de la vida automovilista.

Mi comentario en el apartado interpretativo os lo voy a ahorrar. En la pantalla he visto gestos y muecas pero no he oído a Chris Hemsworth y Daniel Brühl; he escuchado las voces enlatadas de unos esforzados señores que me han dejado con la duda de si Hemsworth y Brühl han sabido cabrearse, alegrarse, emocionarse y gritar, por ejemplo. Sinceramente, me siento un poco estafado, porque a los actores se les paga un pastón por su trabajo y a mí no me dejan disfrutar de él (trabajo que, por cierto, pago con mi entrada). ¿Por qué? Porque en mi ciudad ni un solo cine ha programado Rush en versión original. Lo de siempre en este bendito país.

2No me queda más que reiterar mi recomendación sobre el film de Howard. Lo mejor que se ha estrenado en bastantes semanas, una notable mezcla de profundidad, técnica y entretenimiento que dejará nuestros paladares saciados. Las grandes noticias del séptimo arte en este 2013 no han hecho más que empezar. Y no es que sea tarde, es que es la época de vendimia, amigos simples.

Tráiler de RUSH

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Publicado el 30 septiembre, 2013 en EN CARTELERA: CRÍTICAS SIMPLES y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Comentarios desactivados en Crítica // RUSH (o la técnica al servicio de la historia).

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