Crítica // ARGO (o cuando Ben Affleck dejó de ser un tipo prometedor y se convirtió en un autor comprometido)

Menudo pedazo de otoño llevamos, amigos simples; una vendimia de calidad suprema: Blancanieves, Lo imposible, Looper y ahora…Argo. La alegría por la excelente uva que Ben Affleck nos ha traído este año es doble, pues también supone la confirmación de lo que apuntaban las estupendas Adiós, pequeña, adiós y The town. No ha sido cuestión de una buena añada: el cineasta californiano posee un viñedo cojonudo. Con su última peli, ha dejado de ser un director prometedor para convertirse en un autor comprometido. Y al calificarlo de “comprometido” no estoy incluyéndolo en el saco de los Stone y Costa-Gavras; lo que enfatiza, más bien, la obra del director yanqui es que este ha encontrado un modo de hacer cine concreto. Argo es la instauración de una firma reconocible.

Estamos ante una historia de soñadores incrustados en el mundo real, de perdedores que quieren hacer las cosas bien en su vida. El protagonista, en concreto, vive lo mejor que puede, desea amar, ser un buen padre, nada más que un buen tipo. Le guste o no aquello que ve, su intención es siempre actuar con la vista fijada en lo correcto. A mí, de hecho, me ha dado la sensación de que es consciente de no haber hecho bien las cosas en su matrimonio y con su hijo y que, a la vez, halla su refugio en su trabajo como agente de la CIA, espacio de su realización; el lugar donde sí sabe comportarse como toca.

El hilo común más evidente entre los tres films de Affleck es la violencia. En la primera, la de un secuestro; en la segunda, la de los bajos fondos bostonianos de una panda de ladrones; en Argo, la de una sociedad enferma -la Irán de los muyahidines- liderada por unos psicópatas radicales que han derrocado al dictador asesino de antes. Las particularidades de cada caso importan muy poco. Lo que cuenta en los relatos de Affleck es la voluntad de hacer retratos en primera persona de unos utópicos más o menos descarriados que actúan para que la realidad en la que viven se transforme en el paraíso que el corazón les dice que debiera ser.

Toda esa intríngulis subtextual se halla contenida en una historia narrada con gran dominio del ‘tempo’ cinematográfico, exquisita moderación en el uso de la cámara y un montaje pseudoperiodístico, tremedamente aséptico. No hay duda de que Affleck ha perfeccionado su estilo narrativo con cada película.

El lenguaje fílmico affleckiano es bastante pulcro, ajeno a toda artificialidad; con la música bajita, excepto cuando desea sacudir del asiento al espectador (acertadísima, en este sentido, la elección de Alexandre Desplat para la composición de la partitura). Su montaje es sereno, con pasos firmes pero sin largas escenas emocionales o ‘sketches’ acelerativos de violencia innecesaria. Affleck cautiva a su público con hechos, puntos de inflexión nacidos de verdaderos cambios de rumbo y no de conversaciones explicativas o secuencias gritonas.

Además, el director yanqui consigue algo similar a lo que ya señalábamos en Looper, la mezcla de géneros. Pero con Argo no estamos ante una madeja que debe deshilacharse sino ante una estructura casi compartimental, travestida de escena a escena. La gran virtud de este film es, en mi nada humilde opinión, la soprendente la naturalidad con la que pasa de la comedia al drama para luego saltar al thriller o presentarse después como un relato en la mejor tradición del cine político.

Por lo que respecta al reparto, no hay mucho que destacar. El personaje principal se lo adjudica Affleck a sí mismo, que tiene la expresividad de una caja de cartón, lo que, esta vez, no le va tan mal al depresivo agente de la CIA que interpreta. Los que están muy bien salen muy poco: Bryan Cranston, Alan Arkin y John Goodman. Una pena, en ese sentido; aunque, para ser justos, el elenco de secuestrados tampoco está mal.

Resumiendo: esta es otra cita impepinable para todo buen amante de lo simple, una inmaculada celebración de la narración fílmica posmoderna en su mejor línea. Affleck pertenece ya, por méritos propios, a mi lista de autores imperdibles; cada peli suya será una obligación para mi agenda cinéfila. Y creo que debería serlo para muchos simples, si se me permite la sugerencia.

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Acerca de davidsimple

Soy un joven valenciano licenciado en Periodismo. Mi pasión por el séptimo arte me ha llevado a comenzar esta aventura en el mundo blog.

Publicado el 3 noviembre, 2012 en EN CARTELERA: CRÍTICAS SIMPLES y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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