LAWRENCE DE ARABIA, de David Lean (1962)

Hace unos días recordábamos al maestro David Lean como referencia fundamental del cine épico (junto al que podríamos situar a Cecil B. DeMille o William Wyler, por ejemplo) y como uno de los cineastas reverenciados por Steven Spielberg. Al redactar el avance del próximo film de este último, War horse, me percaté escandalizado de que todavía no había comentado ni uno solo de los maravillosos films de Lean; hoy voy a solucionar ese vergonzoso retraso sirviéndome de una de mis pelis favoritas: Lawrence de Arabia. Como siempre que me refiero a una de las cintas que me han hecho amar el cine lo haré de un modo brutalmente subjetivo, consciente de mi adoración superlativa por la cinta en cuestión y, por tanto, de mis excesos de enamorado. Bordeando lo lameculesco espero que quede espacio para que el texto sirva como apelación directa y a algunos os entren ganas de disfrutar de esta sublime obra artística, amigos simples. Dejad a un lado prejuicios de añada cinematográfica y zambulliros en la aventura; permitid que os conquiste la belleza de un relato que pasará a formar parte de vuestra lista de favoritos si le dais una oportunidad.

La fuerza narrativa del film de director inglés sobrecoge desde el primer instante. La sensación que le embarga a uno en todo su metraje es que está presenciando una gran película con personajes poderosos y una de esas historias cuya épica sale por los poros de cada fotograma. La mano del director británico es firme y el avance de su extenso relato es solemne; Lean se deleita con el significado de las acciones de sus personajes y suma el escenario a la escena como protagonista, fuente de analogía y regocijo del esteta. Se nota que el realizador inglés ama la fotografía y sabe que los que la desprecian de tapadillo pierden una inigualable arma para su narración. Me sigue impresionando la pertinencia y la belleza de planos secuencia como el del puntito lejano en el desierto que se convierte en un temible guerrero nómada; todo en Lawrence de Arabia te deja exhausto porque cada escena tiene el objetivo de sumarse al espectáculo general.

El relato es el de un descubrimiento personal. Una historia de conquistas, heroicidades y sobre todo, de personas. Nadie como Lean ha construido narraciones tan explícitamente épicas que oculten tras de ellas un existencialismo tan profundo. Su visión de lo que le sucede a los personajes y el modo en que estos actúan es ruda, de una neutralidad a prueba de convencionalismos y miradas políticamente correctas. El director de Breve encuentro siempre ha hecho películas desde el asombro que le produce la existencia, el hombre, la belleza y el horror, la vida y a la muerte. Y, además, lleva a cabo esa tarea sin caer en la deriva intelectualoide; es capaz de hacerlo con soldados, espadas, mucho color y mucho romanticismo.

Spielberg ha contado más de una vez que antes de rodar una peli ve Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago y El puente sobre el río Kwai (las obras más aclamadas de Lean). Hace muy bien. Si uno quiere empezar a aprender cómo se dota de significado a una escena dependiendo de dónde se ponga la cámara y de cuánta luz se muestre, ésta es una peli ideal para ponerse a ello. Y para entender que el montaje puede ser holgado y descaradamente contemplativo en muchas ocasiones, sin miedos pero teniendo el ritmo dramático metido en vena. Por destacar otro aspecto técnico que creo esencial en la película me quitaré el sombrero al referirme a la banda sonora compuesta por Maurice Jarré. Se me ponen los pelos de punta sólo al recordar sus compases, al escuchar en mi cabeza la partitura que el antecedente sinfónico de John Williams escribió para acompañar a Lawrence a través del desierto de Arabia.

El reparto es de escándalo. Peter O’ Toole ofrece una actuación fascinante, repleta de matices, rica en generosidad, plenamente implicada en la historia. O’ Toole se olvida de sí mismo y se transforma realmente en T.E. Lawrence; su regalo es sencillamente una de las mejores interpretaciones de la historia del cine. Junto a él brilla el magnífico Omar Sharif, siempre adusto, elegante y poderoso frente a la cámara; el magistral Alec Guinness como el príncipe Feisal (nunca se le pudo reprochar nada a este actor; su dicción poseía el eco de una técnica inglesa teatralmente depurada); y el entrañable y bronco Anthony Quinn.

Finalizo esta apología cinéfila deseando haber despertado en alguno de los que leáis este texto el gusanillo de la curiosidad. Sé que a mi generación le cuesta mucho sentarse a ver una película de los años sesenta. Entiendo la distancia en estilos de narrativa audiovisual que nos separan, no ya de los inicios del cine sino de las pelis de hace veinte años. Sin embargo, también sé que se obtienen enormes resultados de bucear en la filmografía de autores clásicos como Lean. Descubrir un tesoro como Lawrence de Arabia os abrirá un amplio abanico de historias que empezaréis a degustar poco a poco con pasión creciente. Lo sé porque a mí me ha pasado y yo también crecí como tantos de vosotros entre yiyous, nintendos y clicks.

Tráiler original (1962) en inglés

Tema principal de Lawrence de Arabia

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Publicado el 5 diciembre, 2011 en EN CARTELERA: CRÍTICAS SIMPLES, Simples de siempre (hasta 1979) y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Tienes razón, hay que darle una oportunidad. Es una obra muy conocida pero con la distancia generacional que nos separa de ella, da pereza dedicarle un ratico para averiguar qué se esconde en esas imágenes desérticas… Yo por mi parte, le daré esa oportunidad

  2. Gloriosa y magnífica peli, con un personaje complejísimo como es el de Lawrence de Arabia. Es tan complejo que tanto Lean como O’Toole nos hacen ver eso con maestría, como los grandes. Porque eso eran, claro…

    Esta película tiene tantas escenas míticas para el recuerdo… La escena de la cerilla y el cambio al desierto (ufff vaya montaje!) lo que comentas del nómada al fondo, la parte en la que Lawrence vaga solo por el desierto obstinadamente y la resolución de ese momento con la llegada al campamento. Joder, qué grande.

    Hace un par de años vi en cine toda la filmografía de Lean. Uf, toda… fue un verdadero lujazo que donde vivo programaran este ciclo (al igual que hacen con otros, ahora estamos con todo Fellini pero han puesto todo Truffaut, buena parte de Raoul Walsh… es el ciclo “Nosferatu”, que además lo acompañan siempre con la publicación de un libro sobre el ciclo) y cada vez que me acuerdo, perdón por la expresión, me empalmo.

    Saludos y enhorabuena por la reseña de esta grandísima peli.

    • Tienes razón, es de los personajes más complejos de la historia del cine, de los que uno jamás olvida. En cuanto a lo de los pases de la filmografía de Lean, eres un afortunado, macho. Donde yo vivo la Filmoteca no da mucho de sí.

  3. Todo un referente de como deberia de ser el cine de aventuras, cuando hay dinero para ello claro. Una de las mejores superproduciones de la historia del cine…sin mas que decir. Grandiosa. SAludos y no tan simple como proclamas tu reseña. Cuidate y me ha gustado

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