MALDITOS BASTARDOS, de Quentin Tarantino (2009)

Ver una peli de Quentin Tarantino es siempre una experiencia electrizante, un test a nuestra permisividad respecto de la fantasía y una invitación a sentarnos en la butaca del cine sin tomar demasiado en serio los criterios de racionalidad y lógica de los que hacemos uso en la vida real. Podría ponerme a hablar de la genialidad del autor norteamericano de un modo estrictamente analítico pero creo que Tarantino exige que se escriba sobre él del mismo modo que él rueda películas: desde la visceralidad del que ama el cine no sólo por la historia que presencia sino por la forma en que ésta nos es presentada. Hablando de aspecto formal, creo que no hay nadie más en la industria del cine actual -dejando a un lado a los hermanos Wachowski y a Malick- que cuide tanto la fotografía como el director de Malditos bastardos. Desde luego que este elemento está inserto dentro de todo un lenguaje propio que agrupa un mayor número de aspectos pertenecientes a la técnica cinematográfica, pero me gustaría destacar lo mucho que Tarantino trabaja ese concreto, olvidado hoy por gran parte de los cineastas (incluso por muchos de primera fila).

El idioma cinematográfico que habla Quentin nunca se acomoda a la historia que va a contar. Más bien al contrario: la historia se acomoda a su lenguaje. Y a pesar de ello, el resultado nunca es postizo. Si hay un talento que me impresiona en el cineasta californiano es el de ser capaz de construir relatos con marcos culturales y sociales distintos y poder hacerlo sin renunciar ni un milímetro a su estilo. Da igual si sus historias son de mafiosos, samurais o nazis, siempre son de Tarantino. A esta afirmación podría aducirse -y con razón- que estemos en Texas, Japón o Francia hay un elemento consustancial en su filmografía: la violencia. ¿Algún día veremos una comedia o un drama de época en su página de IMdB? Puede ser. O quizás no. Sinceramente, me importa un carajo. Y no penséis que escurro el bulto; es que estoy convencido de que si no lo ha hecho ya es porque de momento no le apetece. El día que lo haga, dará la talla más que sobrado.

Tarantino posa con el reparto de Malditos bastardos: (de izq. a der.) De pie: Laurent, Roth y Pitt. Sentados: Waltz, Omar Doom, Brühl, Tarantino y Kruger.

Hablando de violencia, mucho se ha debatido sobre las escenas de acción de Tarantino. No en cuanto a la crudeza de las mismas -controversia insulsa por cuanto es prácticamente inexistente en un sentido realista- sino, sobre todo por lo supuestamente gratuitas que son. ¿Tan corta de miras es la gente? Me hace mucha gracia escuchar las escandalizadas proclamas contra la violencia en el cine a gente que se tira el puñetero devorando pornografía emocional de lo más obtusa en Telecinco y Antena 3. Como diría Leo Harlem, “yo es que me descojono”. Respecto de Reservoir dogs, Pulp Fiction y Jackie Brown, me parece estúpido plantearse siquiera la cuestión tratándose de films sobre gángsters y, en cuanto a las dos partes de Kill Bill, es obvio que la violencia de la peli es, en líneas generales, tan exageradamente ridícula que la convierte en irreal. El espectador sabe que está viendo algo que no se ajusta al mundo existente fuera de la pantalla y, por tanto, no hay un peligro real de contaminar a mentes sanas.

Malditos bastardos es un adecuadísimo ejemplo de la combinación magistral de dos de los elementos que hemos de tener en cuenta en el cine y la apelación sutil a una de nuestras bajas pasiones, la venganza. Esa es la única profundidad que puede extraerse del visionado de la cinta tarantiniana: en la medida que uno comparta el duelo judío por el Holocausto -que, en mi caso particular, es muy grande- más implicado estará emocionalmente en la historia que se narra. Es el público el que debe estar dispuesto en este sentido porque el director no nos hará profundizar con su relato; no ha hecho una sola película con ese objetivo todavía. Sin embargo, Tarantino domina tan sobradamente la técnica cinematográfica -tanto que, como ya se ha comentado, posee sus propios códigos, lo que excede al término “dominio”- y es tan incapaz de aburrir al público que sus obras son siempre de una excelencia sólo al alcance de los genios. Su torrencial habilidad para la narración fílmica queda expuesta de un modo insultante, por ejemplo, en la primera escena de la peli, con la conversación entre el cazajudíos y el granjero francés. ¿Cuántos guionistas pueden escribir un diálogo tan largo y no resultar cargantes o repetitivos? Pero la magia del cineasta yanki no está sólo en sus palabras. Sabe dónde poner la cámara, qué planos se necesitan para cada frase y cuándo y qué música hay que meter en cada momento.

El reparto está a la altura de Tarantino; desde el genial Brad Pitt, al que debe escucharse en versión original para disfrutar de su acento de la América profunda (por cierto, ¿para cuándo un puñetero Oscar para este actorazo?), hasta el hilarante Christoph Waltz (Hans Landa), que tira de registros interpretativos sin llegar al histrionismo. La maravillosa y bellísima actriz francesa Mélanie Laurent (Shosanna) pone la delicadez y el sentimiento al tono asilvestrado de la película pero también da la talla cuando debe mostrar la fiereza de su sed de venganza. Michael Fassbender -que ya se está conviertiendo en uno de mis actores preferidos- resulta muy británico, muy pulcro y muy acertado en su interpretación. Por su parte, Diane Kruger ofrece una actuación muy sólida en el papel más exigente de su carrera; elegante, cabreada y asustada, en todo momento da la impresión de estar como le toca. El hispanoalemán Daniel Brühl vuelve a dar un gran nivel como Frederick Zoller, del mismo modo que un divertidísimo Til Schweiger (Hugo Stiglitz). Por último, me gustaría lamentar, como siempre, la presencia de un ¿actor? tan objetivamente malo como Eli Roth, que sólo forma parte del cast porque es colega de Quentin.

Por ponerle alguna pega (además de Roth) a la peli, creo que en algunas escenas sobra algún minuto. Pero sólo lo digo por ponerle alguna pega, la verdad. Creo que Tarantino en algunos fotogramas puntuales se enamora de sus mismas ocurrencias y es incapaz de suprimirlas del montaje aunque sobren. Pero esa es una licencia que se le puede permitir a un maestro. Y, como toda obra de un superclase, Malditos bastardos debe ser vista. Puede que no se comulgue con el estilo tarantiniano pero es innegable que es sólo suyo, que funciona y que apasiona. Quizás con él me pueda el afecto artístico y el cariño de cinéfilo que aún mantengo de mi adolescencia. Presumo orgulloso de formar parte de su parroquia de fieles feligreses desde el mimo instante en que presioné el botón de ‘Stop’ del mando de mi reproductor VHS tras ver Pulp Fiction con 15 años. Hasta la fecha, no me he perdido ni uno solo de sus sermones. Al que la filmografía del director californiano no le despierte tanto entusiasmo como a mí, espero que, al menos, mis alabanzas le impulsen a darle una oportunidad al exquisito cine nacido de una mente tarada de amor por el celuloide, que es lo que nos une a todos en este blog.

PD: Adjunto tráiler (subtitulado).

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Acerca de davidsimple

Soy un joven valenciano licenciado en Periodismo. Mi pasión por el séptimo arte me ha llevado a comenzar esta aventura en el mundo blog.

Publicado el 14 noviembre, 2011 en EN CARTELERA: CRÍTICAS SIMPLES y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. ¿Es casual que no hayas mencionado en el post la peli ‘Death proof’, o es deliberado? A mí me encanta Tarantino (suena típico, lo sé, es como decir “me chifla Tim Burton”), pero esa peli del programa Grindhouse me parece un soberano bache en su carrera.

    Respecto a lo demás, comulgo con todo lo que dices. Por cierto, si tú flipaste con el VHS de ‘Pulp Fiction’, imagínate un servidor, viéndola en el cine cuando se estrenó… Con la que me pasó entonces fue con ‘Reservoir dogs’.

    Lo curioso de Tarantino es que hace suyo ese dominio que comentas, bebiendo de muchas otras películas, con lo cual mucha gente lo tacha de copión en vez de autor. Ay, ilusos…

  2. Es deliberado. ‘Death proof’ me parece un capricho que Tarantino se quiso dar como friki que es de las pelis de serie B y los telefilms gañanes. No la considero parte de sus largometrajes pensados como tal, del mismo modo que el capítulo que rodó en ‘Four rooms’ tampoco lo incluyo. Por eso no la he mencionado.

    ‘Pulp fiction’ es una de esas que me fastidia no haber podido ver en cine (Cuando la estrenaron tenía 11 años).

    Yo ya ni respondo cuando oigo a alguien llamarle copión. Perder el tiempo está dejando de ser una de mis aficiones, je je…

  3. ahora que mencionas la capacidad de conseguir que una escena de una conversacion no resulte aburrida , yo de este hombre me quedaria la de la pelicula amor a quemarropa , dennis hopper y Christopher Walken , esa escena no tuvo precio para mi , y tengo que hecharle un segundo visionado a Pulp Fiction , y me quedo con Reservoir Dogs ,porque hubo un momento de la pelicula que me dio lo que deseaba.

  4. Yo no recuerdo cuándo vi PULP FICTION pero lo que sí que recuerdo es decir: “¿¿Puedo verla otra vez?? Que guay!! Que bien contada!! Por fin alguien que va más allá. No se pone a contar una historia y la termina. Este tío lo a contado todo desordenado en su justa medida para que nuestro cerebro la vaya montando poco a poco…y flipe!!!”
    Esa fue, y sigue siendo mi fascinación. Que bien contada. Que buenas conversaciones!! Por fin conversaciones reales!!! Como habla la gente normal!! Y no lo digo por los tacos!! Lo digo porque el dialogo que mantienen, en cualquier momento, no se pierde en palabrerías. SPOILER ON: Cuando están rebuscando el librito negro antes de pinchar a Uma tienen una conversación a gritos de las más coherentes.. bueno, en realidad toda esa escena… aunque en realidad… toda la película. Las discusiones entre S.L. Jackson y John Travolta son espectacularmente perfectas. SPOILER OFF.
    Lo voy a dejar aquí y pongo un asterisco para acordarme que otro día tenemos que hablar de guiones.

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