PULP FICTION, de Quentin Tarantino (1994)

Cartel del estreno en USA de 'Pulp Fiction'.

Leer la sinopsis de una película es tarea obligada para aquel que quiera reducir el riesgo de fiasco al gastarse los muchos euros que hoy cuestan las entradas de cine. A pesar de que éste sea el acto primero del proceso de decisión habitual, en contadas ocasiones el amante del séptimo arte adquiere el ticket para el visionado de un film de estreno sin acudir a referencias argumentales. De forma paradójica, ese cambio de estrategia -que para algunos sería un salto al vacío- suele traducirse en una menor posibilidad de fracaso. La razón de éste hecho aparentemente ilógico hay que buscarla en los títulos de crédito, concretamente en el nombre propio que viene precedido de la voz inglesa ‘directed by’. Y es que hay cineastas cuyo historial empuja al cinéfilo particular a acudir al cine sin dudarlo. Así, cada espectador tiene un listado de directores que considera una auténtica garantía de éxito y yo, por supuesto, tengo la mía propia. Uno de los miembros de mi particular selección de infalibles es Quentin Tarantino y la película  con la que entró a formar parte de él, Pulp Fiction.

Aunque no todas los grandes films han supuesto una nueva forma de contar historias, muchos sí han alcanzado dicha meta. Pulp Fiction, que debe incluírse en ese selecto club, confirmó a Tarantino como un nuevo genio para las enciclopedias del séptimo arte. La capacidad mostrada tras la cámara en Reservoir dogs estalló en este film con una salvaje originalidad que dejó perplejo al público de todo el mundo. En el momento se du estreno podían hacerse analogías, incluso ciertas comparaciones un tanto forzadas, pero no había ninguna duda de que Tarantino, el antepenúltimo de los directores totales, había hecho algo completamente distinto. Nadie había visto nada como Pulp Fiction antes.

Tarantino da instrucciones a Willis durante el rodaje.

El director total

Cuando analizamos la obra de lo que yo llamo un director total es imposible desligar lo más mínimo cualquiera de los aspectos que engloba la técnica de un film de su guión. El director total controla todo los aspectos del proceso de realización de una película de un modo mucho casi absoluto. En cristiano: manda en todo. No se dedica sólo a ser el jefazo en el rodaje, sino que está presente con carácter pseudodivino en la pre y posproducción. Algunos, incluso, escriben el guión ellos mismos. Así, las características del director total limitan enormemente la capacidad de decisión de los distintos departamentos técnicos, sobre todo la del director de fotografía y la del montador.  Hitchcock  es un claro caso de director total. El director de fotografía y el editor hacían exactamente lo que él ordenaba. Hasta los ‘storyboards’ los dibujaba él. Lo mismo sucedía con Chaplin o Welles, por ejemplo. Hoy en día, el control del director total se reduce más bien montaje y no tanto a la fotografía (Spielberg, Scorsese, Eastwood) pero sigue habiendo cineastas que gustan de ocuparse de casi todo (Amenábar, los Wachowski, Aronofsky). Tarantino sigue también esta estela y por eso su estilo es tan reconocible.

La estética de 'PF' es ya un fenómeno de culto.

Teniendo en cuenta lo explicado en el párrafo anterior se entenderá más fácilmente que el guión y el montaje de Pulp Fiction sean un todo prácticamente indivisible. Por supuesto que la edición final no se corresponde milimétricamente con lo que Tarantino y Roger Avary escribieron antes del rodaje pero las diferencias son tan pequeñas precisamente porque uno de los tipos que redactó el libreto es el mismo que ha dirigido el film y lo ha montado mano a mano con Sally Menke. La estructura narrativa de la película, que nace del guión y se concreta en el trabajo de Menke y Tarantino, es un espléndido puzzle que encaja con la habilidad del orfebre las diferentes tramas del film. El rocambolesco acople de las distintas piezas las hará chocar con violencia en una parte final que es inmejorable. Además, todas las secuencias son un espectáculo visual y un derroche de barbarismo dialéctico sin precedentes, desde el mismo inicio hasta el último plano, con la escena que Tarantino y Menke parten en dos para abrir y cerrar el relato. Aunque cada escena es un retal valioso en sí mismo y precioso en su ejecución lo grandioso de este film es que cosidos todos ellos del modo en que lo hace Tarantino conforman una historia perfecta, una experiencia cinematográfica inolvidable, existencialmente estomacal y de puro goce pictórico al mismo tiempo. No hay nada que desentone. El bestialismo verbal de los personajes tiene su eco en la brutalidad de sus actos, en lo animal de su moralidad. Uno acaba de ver Pulp Fiction exhausto, atiborrado de un potaje fílmico cuya fuerza dramática  no impresiona tanto por su profundidad como por su visceralidad.

Travolta y Jackson, en una de las escenas más conocidas del film.

La estructura dramática y la sinfónica estridencia de los diálogos tarantinianos no son los únicos elementos que muestran la genialidad del cineasta de Tennessee. Mención especial merece la banda sonora. No por la partitura compuesta para un film que deja casi siempre hablar a los personajes sin música de fondo sino por la selección de temas hecha por el mismo director. La melomanía de Tarantino es tan pronunciada -y repleta de conocimiento- que no necesita de nada nuevo; lo que quiere para su peli ya lo ha oído. Tarantino sabe qué tono le debe dar a cada escena y en su disco duro cerebral tiene la canción ideal para ello. Escuchar la banda sonora es una maravilla, sea viendo el film sea aparte.

Willis, Jackson y cía

Walken, en la conocida escena del reloj de Willis.

El reparto de Pulp Fiction no cuenta con ningún monstruo de la interpretación pero sí con actores de personalidad carismática que le vienen que ni pintados al histrionismo de la historia. Tarantino engrandece la figura de un Bruce Willis en plena forma, como mejor le ha ido siempre: en el papel de un perdedor cabroncete y con mala leche. Samuel L. Jackson está soberbio en la dicción de cada insulto y deja boquiabierto en las imposturas de su voz en cada una de las reflexiones teológico-existenciales de su matón iluminado. Además, aunque sus apariciones son cortísimas, los últimos dos miembros del casting a los que me gustaría destacar son Christopher Walken, que brilla con luz propia en la explicación que hace al infante Willis de la historia del reloj de su padre y Harvey Keitel en su desternillante papel de ‘Lobo’, el solucionador de problemas. Citar a estos cuatro actores no significa que menosprecie la labor de la estupenda Uma Thurman o de John Travolta -que está muy bien en el film, a pesar de que no sea santo de mi devoción- pero sus interpretaciones quedan significativamente por debajo de los anteriormente mencionados.

En definitiva, que no hay excusa posible para el cinéfilo simple que no haya visto esta peli. No hay modo de eludir la responsabilidad del amante del cine que se haya saltado a la torera esta ‘delicatessen’ fílmica. Pulp Fiction es una obra maestra. Además, engancha. Yo no sé ya cuántas veces la he visto y, como sucede con las grandes historias, siempre se descubren nuevos detalles que obligan a amarlas aún con mayor devoción. Impresindible. Irremplazable. Moralmente obligatoria.

PD: Adjunto el tráiler en inglés subtitulado y la famosa escena de la cita bíblica en castellano. si alguien prefiere verla en inglés subtitulado (lo recomiendo), os dejo también el enlace directo (YouTube no deja insertarlo fuera de su página).


(Credits to CinemaJunkie235)

(Credits to halenbeck)

Escena subtitulada: http://www.youtube.com/watch?v=lzNqRUWdrfY

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Acerca de davidsimple

Soy un joven valenciano licenciado en Periodismo. Mi pasión por el séptimo arte me ha llevado a comenzar esta aventura en el mundo blog.

Publicado el 29 agosto, 2011 en NOTICIAS SIMPLES y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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