EL GOLPE, de George Roy Hill (1973)

Cartel del estreno de 'El golpe' en España. (Credits to magcine.valladolidweb.es)

Pocas películas con la voluntad explícita de entretener obtienen el aplauso unánime de la crítica. Sea por el excesivo apego de la mayor parte de opinadores oficiales a la profundidad de guión o por lo denostada que está entre su clase la capacidad antes mencionada no es muy común que vitoreen sin divisiones a un film como El golpe. Créanme, de todo lo bueno que se puede decir sobre esta cinta, lo mejor es eso (y es un gran halago si proviene de un aficionado simple al séptimo arte). No voy a engañar a nadie que espere de esta historia una disección psicológica de los personajes porque aparezcan en los créditos unos actores de renombre. Estamos ante un cuento de tramposos de tierno corazón y endiablada inteligencia que pretenden dar el golpe de sus vidas engañando al mayor timador de todos que es, además, el más malo. Es decir, a uno que se lo merece. De eso va el asunto y esa es la simple satisfacción emocional que crece en el espectador conforme avanza el film, que el final de cumplimiento al famoso refrán castellano: “Quién roba a un ladrón tiene cien años de perdón”.

Hace poco hablábamos de los distintos tipos de director que uno suele encontrar. El caso de George Roy Hill es extraño porque no encaja en ninguno de los perfiles acostumbrados. La mayor parte de su filmografía es mediocre llegando en algunos de sus films  a rozar lo pésimo (Reajuste matrimonial, El irresistible Henry Orient, Aventuras y desventuras de un yuppie en el campo). Hay, sin embargo, dos de sus obras que escapan al patíbulo cinematográfico: El golpe y Dos hombres y un destino. Mientras que la segunda nunca ha sido especial santo de mi devoción, la primera me parece la incontestable prueba de que incluso directores de poca maestría son capaces de rodar grandes películas si se les da un guión sobresaliente.

Robert Shaw interpreta al mafioso al que intenan timar Newman y Redford. (Credits to retreauxgirl.blogspot.com)

El libreto de David S. Ward (autor de simplicidades la mar de entretenidas como Un lugar llamado Milagro o Algo para recordar) es una pieza de incalculable valor para todo aquel quiera recibir una lección de ritmo cinematográfico de forma gratuita. El guión de Ward es una construcción perfecta que ejemplifica con precisión explícita los pasos que se deben dar para que un relato avance a través de los acontecimientos de los que es testigo el espectador y no de forzadas situaciones dramáticas que no obligan a los personajes a tomar decisiones.

Los otros ingredientes que disparan la garra de la historia al centro de la diana son los dos dioses del Olimpo hoolywoodiense que la protagonizan: Paul Newman y Robert Redford. ¡Qué gustazo para el paladar cinéfago encontrarse a estos monstruos de la interpretación poniendo cara de cabroncetes! Siempre que uno se encuentra ante intépretes de este calibre ve plasmada en dos personas la característica más buscada por los cazatalentos: el carisma. Aunque sería interesante elaborar una teoría psicológica que explique matemáticamente qué es no llegaríamos a ninguna conclusión demostrable. Supongo que el carisma es de esas cosas que no podemos definir pero sabemos si alguien tiene o no. Como lo de estar enamorado, que se sabe si se está o no se está pero no se puede explicar. Hay actores que derrochan carisma como Newman y Redford y otros que carecen de él sin que puedan hacer nada por suplir esa deficiencia.

Newman y Redford cuidan los detalles del plan al milímetro. No dejarán ninguno al azar.

No es excusa el año de filmación de la película. El golpe no puede resultar lenta ni estar anticuada para nadie. Cuando uno tiene ante sí la oportunidad de disfrutar de una historia de mafiosos, timadores y planes de exquisita concepción y ejecución creo que la madurez de un cinéfilo simple es suficiente como para no tener en cuenta banalidades de ese tipo. Cuando se estrenó en 1973, el film de Hill tenía un aire de tributo al cine clásico. Casi cuarenta años después, las nuevas generaciones de amantes del séptimo arte consideran esos años también parte de la etapa clásica del cine. Son las curiosas bromas que se producen a causa del transcurrir del tiempo. Si en un futuro se rueda todo en 3D, el cine en 2D le parecerá a nuestros nietos un asunto de viejos. ¿Querríais que se perdieran las joyas de hoy por prejuicios artísticos de esa clase? No hagamos nostros lo mismo. Empecemos con El golpe a no cometer los mismos errores que nuestros ficticios nietos.

PD: Adjunto tráiler de la reedición en inglés (Youtube no lo tiene ni en castellano ni subtitulado).

 

(Credits to geektrailers)

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Acerca de davidsimple

Soy un joven valenciano licenciado en Periodismo. Mi pasión por el séptimo arte me ha llevado a comenzar esta aventura en el mundo blog.

Publicado el 8 agosto, 2011 en NOTICIAS SIMPLES y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Esta pelicula es una joya que nuestra generación se ha perdido y la generación que viene solo sabe de superhéroes…

    • Es el miedo irracional a aquello suene a viejo. Pero no pasa sólo con pelis de los setenta. La mayoría de gente que tiene hoy entre 18 y 25 años no saben ni lo que son ‘Los Goonies’. De hecho no ven pelis ni si quiera de los noventa. Eso es viejo para ellos. Generación malvada y pervertida…¡Ellos se lo pierden! Del blanco y negro ya ni hablamos, claro…

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