Mi primer VHS: Sopa de ganso.

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Cartel de la exhibición en cines de 'Sopa de ganso'. (Credits to cartelespeliculas.com)

Nunca olvidaré el día en que mi padre volvió un día del trabajo y nos dijo que había comprado “una película”. Yo tendría unos siete años y era consciente de que a nuestra casa había llegado hacía poco un nuevo aparatejo llamado video, aunque a mí me había pasado desapercibido. Obviamente sabía lo que eran las películas -veíamos una después de comer casi todos los sábados y domingos- pero no recuerdo tener tan claro que pudiesen poseerse y verlas siempre que uno quisiera. De la caja gris en que estaba resguardada mi padre sacó una extraña tableta negra con dos ojos -parecida a una cinta de cassette pero más grande, pensé- que llamaba “cinta”. Mis hermanas y yo nos sentamos en el sofá y mi padre se puso a apretar botones con cara de no tener mucha idea de lo que hacía. Después de leer las instrucciones -costumbre de la que yo he renegado concienzudamente- por fin apareció el título de la película con unos números raros debajo y luego un tío -que no salía en la pantalla- se puso a soltar un rollazo ininteligible. “¿Ya ha empezado?”, le pregunté a mi padre. “No, eso son avisos legales”, me respondió. “¿Qué es legales?”, volví a preguntar. Y mi padre, que siempre se ha esforzado en explicarnos bien las cosas, me soltó otro rollo con palabras más extrañas aún que “legales”. Después empezó la peli y se acabaron las preguntas. Nunca olvidaré esa primera película de VHS que llegó a mi casa y que volvimos a poner una y otra vez (al principio porque era la única que teníamos, claro). Si algún día tengo hijos los sentaré en un sofá y el primer Blu-ray que compre para ellos contendrá la misma peli que inauguró mi infancia de propietario cinematográfico: Sopa de ganso.

Chico y Harpo interpretan a dos espías poco ortodoxos.

La historia no tiene ninguna importancia cuando se trata de los hermanos Marx. Por supuesto respeta las reglas básicas de estructura del relato fílmico pero no busca ni sentido ni complejidad en las motivaciones de los personajes. Todo es absurdo. Ridículamente absurdo. Desternillantemente absurdo. Cada escena está compuesta por diálogos incoherentes y situaciones alocadas repletas de esos maravillosos personajes extravagantes que patentaron Groucho, Harpo y Chico Marx (Zeppo fue sólo un pegote que cantaba bien). De entre tantas frases cinematográficas que se incrustan en la memoria de todo cinéfilo, gran parte de las mías han sido paridas por estos genios del humor. Nunca me canso de los galimatías sobre los que cabalgan sin mesura Rufus T. Firefly y sus compinches, de esa habilidad única que tenían los tres para darle sentido cómico al absurdo, su regla inmanente en cada gag. Son ellos los magos tras cada chiste a pesar de que en los títulos de crédito figuren (como redactores del argumento más bien) Bert Kalmar y Harry Ruby.

Groucho y Harpo en la famosa escena del espejo.

Está tan poblado de momentos memorables este film que me cuesta resaltar alguno en concreto. Genial es la aparición inicial de Groucho, en una de las innumerables escenas que compartió en su carrera con Margaret Dumont, mostrando sin tapujos su estilo mordaz y estridente. Son fantásticas las escensa en que Chico y Harpo se reúnen con Trentino (un divertidísimo Louis Calhern) para ponerle al día de su misión de espionaje a Firefly y su discusión con el vendedor de limonada. Inolvidables son también los ‘sketches’ del robo de los planes de guerra -en la que está incluído el conocido gag del espejo- y el juicio a Chicolini.

A los fanáticos como yo de los hermanos Marx no tengo que convencerles de nada. Al resto, al que el blanco y negro puede echar para atrás, le diría en primer lugar que no haber visto ninguna peli de los hermanos Marx es un pecado mortal cinéfilo que deben remediar sin dilación. Además, la peli dura sólo una hora, de modo que su “sacrificio” no será demasiado grande y pueden llevarse una gratísima sorpresa si arriesgan un poco. Invito oficialmente a formar parte del prestigioso club de amantes de la filmografía de Groucho, Harpo y Chico a todos los valientes que estén dispuestos a pasar el trago del blanco y negro. Y ya que hablamos de clubs aprovecho para despedirme con una cita sublime de Groucho que no tiene mucho que ver con el tema pero que define muy bien al personaje: “Jamás formaría parte de un club que me admitiese como socio”. No hay más que decir.

PD: Adjunto el primer gag de la peli, la recepción del nuevo presidente de Freedonia, Rufus T. Firefly. ¡Saludos simples!

 

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Acerca de davidsimple

Soy un joven valenciano licenciado en Periodismo. Mi pasión por el séptimo arte me ha llevado a comenzar esta aventura en el mundo blog.

Publicado el 27 julio, 2011 en NOTICIAS SIMPLES y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. me encanta!!además, como co-participe de la historia, he de decir que es completamente verídica, y que para mi esta pelicula siempre será especial, a pesar de que cuando era pequeña no pillaba ni un chiste y solo me reia por contentar a mi padre!

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